miércoles, 8 de julio de 2015

Lo más grande que he hecho por una mujer.

Caminé 10 años por toda la Ciudad en tu búsqueda. Eras la chica más hermosa del mundo, no podía hacer menos. Quería saber quien eras, de que extensión era el bosque de tu mirada. Te conocí cuando tenías 15 años, nunca te hablé. Una noche lluviosa nos miramos a los ojos y bastó para que te necesitara. ¡Te necesitaba porque te amaba!
Caminé hasta abrirme los tenis, llenarme de músculos las piernas, sentir un hambre y una sed terrible; perderme, encontrarme y perderme otra vez, revisar cada hueco, asomarme a cada esquina, correr hasta alcanzar a cualquiera que se pareciera a ti... Casas, calles y avenidas, tiendas, transportes y eventos: en todas partes estuviste, en todas partes llegué un mes, un día, una hora después.
Nunca quise aceptarlo, pero luego de unos años yo, que recuerdo todo, olvidé tu rostro. Y al olvidarlo tuviste miles de caras, ya podías ser cualquiera. Tantas vinieron, una a una con su llama que iluminó mi rostro sombrío; y que no tardó en confundirse, porque el incendio de tu amor lo consumió todo.
10 años. Y el camino que cada tarde iniciaba con esperanza y alegría y cada noche concluía con soledad y dolor, ¡ese camino vasto donde me extravié!, ya tiene su meta próxima. Será una renuncia serena, luego del último día del verano y de la última caminata, en la que ya no buscaré nada. Porque ahora por fin lo he comprendido: tú nunca exististe, al menos no como mujer. ¡Siempre fuiste esta Ciudad!, ¡La tremebunda Ciudad de México!, ¡Tan violenta, bella y misteriosa!; que algunos días en mi adolescencia jugaste a ser humana y que sin quererlo o queriéndolo como una gran travesura, me atrapaste para dejarme escapar hasta los 10 años después...

No hay comentarios:

Publicar un comentario